XIV


Salgo al balcón y siento el aire frío de la mañana. En el edificio de enfrente, una señora riega sus plantas envuelta en una bata color violeta; lleva un pañuelo verde en la cabeza y anteojos negros.
Cierro el ventanal, corro las cortinas, y doy me dia vuelta. Cruzo el living y, camino al dormitorio, tomo mi billetera del aparador y cuento los billetes que obtuve ayer del cajero. 
Cuatro mil, tengo cuatro mil pesos y monedas.
Entro al cuarto y abro el placard, estiro el brazo hacia el fondo y busco a tientas entre la ropa, hasta que mis dedos encuentran una billetera vieja de cuero. Retiro el brazo del estante. Miro la billetera; sé que hay dos mil dólares. Debería haber dos mil dólares. Cuento veinte billetes. Perfecto.
Dos por cuatro, ocho. Ocho y cuatro, doce.  Faltan veinte lucas. Me, faltan veinte lucas.
Guardo el fajito de pesos en la billetera y la vuelvo a colocar en su lugar, detrás de la pila de camisas del primer estante.
Me siento en la cama y pienso:
—¿A quién puedo pedirle el resto?
El problema es el tiempo, el maldito fin de semana complica mucho las cosas: necesito alguien que tenga esa cantidad en su casa en este momento; y que además no me haga muchas preguntas.
Agua.
Me pongo de pie y salgo del cuarto. Busco las llaves de casa, el telefonito, la billetera, tomo la campera del perchero, y salgo del departamento.
Bajo del ascensor con la mente en blanco. No se me ocurre nadie.
Llego a la vereda y miro hacia a la izquierda, luego hacia la derecha. Subo el cierre de mi campera, coloco las manos en los bolsillos, y comienzo a caminar.
Sé que algo se me va a ocurrir.

4 comentarios:

  1. Y, Looncito?

    Ni que fueras mujer, che, que me hacés esperar tanto! =)

    n.,

    ResponderEliminar
  2. Teneme paciencia, N.
    El tiempo no esta de mi lado en estos momentos...

    ResponderEliminar
  3. Pasate de lado, entonces ;)

    Como buena lectora adicta a las secuelas, esperaré. Para la literatura tengo paciencia.


    n.,

    ResponderEliminar